2001 — 2026

25 años del Funicular de Bulnes

UN VIAJE COMPARTIDO

Empieza el viaje ↓Funicular de Bulnes
Antes de 20011 / 08
Un hombre conduce una caballería cargada por el sendero de montaña, con otro animal delante.
Llevar la carga por el sendero · Colección de imágenes aportada.

La vida antes del funicular

Bajar con una linterna

Miguel, vecino de Bulnes, recuerda el camino a la escuela: bajar de madrugada los lunes y regresar los viernes. Años después participaría en la construcción del funicular.

“todos los lunes a las 6 de la mañana cogía una linterna y bajaba por el valle”— Miguel, vecino de Bulnes · RTVE
19972 / 08
Manifestación con una pancarta contraria al funicular en 1997
Movilización, 1997 · Ramón Batalla / archivo de prensa aportado.

Acercar un pueblo, cuidar una montaña

Un proyecto en debate

El nuevo acceso abrió una discusión sobre el futuro de Bulnes. La declaración ambiental impuso condiciones para retirar los materiales excavados y restaurar las zonas afectadas.

1998–20003 / 08
Trabajos en el interior del túnel del funicular en 1998
Túnel en obras, 1998 · Ramón Batalla / archivo de prensa aportado.

Ingeniería bajo los Picos de Europa

Abrir la montaña

Las obras se adjudicaron en enero de 1998. Una tuneladora abrió el paso a través de la caliza: la conexión entre el valle y el pueblo empezó a tomar forma bajo tierra.

20014 / 08
Personas junto a la puerta del funicular en una fotografía de 2001
Viajeros y vehículo, 2001 · Ramón Batalla / archivo de prensa aportado.

27 de febrero · Los primeros viajes

La distancia cambia

El 27 de febrero comenzaron los viajes para los vecinos de Bulnes. El 17 de septiembre se inició la explotación comercial. Un trayecto de unos ocho minutos conectó Poncebos y Bulnes, salvando 402 metros de desnivel.

2003–20185 / 08
Viajeros sentados en el interior del funicular en 2003
Interior del funicular, 2003 · Nel Acebal / archivo de prensa aportado.

Un servicio público, muchos motivos para viajar

Parte de lo cotidiano

Vecinos y visitantes comparten el mismo vehículo. El acceso al pueblo se convierte en un recorrido cotidiano; el folleto del servicio recoge la gratuidad para residentes.

2019–20236 / 08
Trabajadores realizando una intervención en el grupo motor del funicular
Grupo motor, febrero de 2020 · archivo de la Consejería.

El trabajo que hace posible cada viaje

Cuidar lo que nos une

La continuidad del servicio también se construye en los talleres. La gran inspección de 2019–2020 y la pasarela de evacuación de 2020 forman parte de ese cuidado.

Más allá de ocho minutos

La montaña
y quienes la habitan

Cinco miradas al origen, la construcción y la vida cotidiana de un servicio público

Panel 01 / 05

Origen

Una conexión bajo la montaña

2.227m

entre Poncebos y Bulnes

La distancia que une el valle y el pueblo

Bulnes está cerca de Poncebos en el mapa, pero la montaña hizo que durante generaciones esa distancia se midiera en horas de camino. Cada viaje, cada carga y cada urgencia dependían del sendero. El aislamiento ayudó a conservar un pueblo singular, aunque también complicó la vida de quienes habían decidido permanecer en él. El reto fue mejorar la comunicación sin abrir una herida en el paisaje.

El funicular surgió de una necesidad conocida y hablada durante años. Los vecinos la vivían a diario; las administraciones debían encontrar una respuesta viable; los equipos técnicos tenían que hacerla posible en un entorno complejo y con una diversidad espectacular. El proyecto nació de ese trabajo conjunto. No fue una solución inmediata, sino una decisión pública que hubo que estudiar, discutir y sostener.

Cumbres y laderas en el entorno de Poncebos
Entorno de Poncebos, noviembre de 2002 · archivo de la Consejería
01.1

Bulnes: territorio, paisaje y aislamiento

La historia de Bulnes está unida a la montaña. El camino, la arquitectura y la forma de organizarse entre vecinos nacieron de esa relación. También lo hicieron muchas dificultades cotidianas. Lo que en otro lugar podía resolverse en poco tiempo exigía aquí prever el tiempo, el peso y las condiciones del sendero. Hablar del funicular obliga a mirar las dos caras de esa realidad: un paisaje que debía protegerse y un pueblo que necesitaba seguir viviendo en él.

01.2

La necesidad de mejorar la comunicación

Mejorar el acceso tenía consecuencias muy concretas: recibir alimentos y materiales con más facilidad, desplazarse por trabajo o estudios y atender una urgencia con menos incertidumbre. La petición de los vecinos no buscaba cambiar la identidad de Bulnes, sino hacer posible la vida diaria. Permanecer en un pueblo de montaña no debería significar renunciar a servicios que en otros lugares se dan por hechos.

01.3

Primeras ideas y alternativas de acceso

Antes de llegar al funicular se estudiaron diferentes opciones. Había que comprobar si podían construirse, cuánto afectarían al entorno y si resolverían de verdad las necesidades del pueblo. El proceso llevó tiempo porque ninguna intervención era sencilla. Comparar alternativas y descartar las que no ofrecían suficientes garantías formó parte de la solución, aunque ese trabajo apenas se vea en la obra terminada.

Manifestación sobre el proyecto del funicular
Movilización, 1997 · Ramón Batalla / archivo de prensa
01.4

La decisión de construir el funicular

La alternativa subterránea impulsada bajo el Gobierno regional de Sergio Marqués, evitaba llevar una carretera hasta Bulnes y reducía la presencia de la obra en el paisaje. A cambio, exigía atravesar la montaña y asumir una construcción compleja. La decisión respondió a ese equilibrio. Se destinaban recursos públicos a resolver un problema que afectaba a una población pequeña, pero importante. La utilidad de un servicio no depende únicamente del número de usuarios; también cuenta cuánto cambia la vida de quienes lo necesitan.

01.5

Instituciones, técnicos y vecinos implicados

El proyecto reunió al Principado, al Ayuntamiento de Cabrales, a los equipos técnicos, a las empresas y a la población de Bulnes. Cada parte conocía una parte distinta del problema. Hubo que poner de acuerdo necesidades vecinales, criterios técnicos, presupuestos y protección ambiental. Esa coordinación fue tan importante como la propia excavación: permitió que una demanda mantenida durante años acabara convertida en una obra realizable.

Panel 02 / 05

Antes

Lo que antes había que subir a pie

402m

de desnivel

De 183 a 585 metros de altitud

Antes de 2001, a Bulnes se llegaba caminando por “Las salidas de Bulnes”. Por allí pasaban los vecinos y también todo lo que el pueblo necesitaba: comida, medicinas, herramientas y materiales de construcción. Los caminos eran parte de la vida, pero imponían sus horarios. La lluvia, la nieve o una carga pesada podían convertir cualquier desplazamiento en una jornada entera.

Quienes vivieron aquel tiempo aprendieron a organizarse y a ayudarse. Esa capacidad merece ser recordada sin convertir la dureza en una estampa romántica. El aislamiento tenía un coste real, especialmente para las personas mayores, las familias y quienes necesitaban salir con frecuencia. El funicular no vino a enseñar al pueblo a resistir; vino a evitar que tuviera que hacerlo para cada necesidad cotidiana.

Vista antigua de Bulnes, sus casas y la iglesia desde la ladera.
Bulnes desde la ladera · Colección de imágenes aportada.

Álbum de Bulnes

Un pueblo entre montañas

Los caminos, las casas, los oficios y la vida compartida. Una memoria que permanece en las fotografías.

Casas de piedra y una escalera exterior bajo las montañas de Bulnes.
Casas bajo la montaña
Recorte con una joven y una niña y el texto «Palangana, madreñas y un lavado y peinado junto a la casa del cura».
Junto a la casa del cura
Vista del conjunto de casas de Bulnes entre árboles y paredes de roca.
Casas entre las rocas
Muros de piedra de la antigua casa rectoral, con la montaña al fondo.
Los muros de la casa rectoral
Un grupo de personas acompaña a los Reyes Magos por un sendero de montaña.
Los Reyes por el camino
Entrada al pequeño cementerio de Bulnes, rodeado por muros de piedra.
El cementerio entre montañas
Retrato de un grupo familiar con adultos y niños junto a una pared de roca.
Retrato de familia
Lámina con un vecino de Bulnes con traje tradicional junto a una caballería cargada. El pie indica 1893 y fotografía de Saint-Saud.
Un vecino y su caballería · 1893
Vista del pueblo, la iglesia y los árboles desde la ladera.
Bulnes desde la ladera
Un hombre conduce una caballería cargada por un sendero de montaña, con otro animal delante.
Llevar la carga por el sendero
Una mujer y un hombre junto al refugio de La Tenerosa. La lámina conserva el pie y el crédito A. F. F.
El refugio de La Tenerosa
Vacas y terneros pasan por la calle empedrada entre casas y vecinos.
El ganado atraviesa el pueblo
Un hombre sentado trabaja una pieza de madera rodeado de varas y herramientas.
El oficio de la madera
Un hombre trabaja una vara de madera junto a dos niñas, entre las casas de piedra.
Una tarde en la calle

Imágenes de la colección aportada. Se conservan los pies y créditos presentes en cada lámina.

02.1

La vida cotidiana sin acceso rodado

Salir de Bulnes requería tiempo y planificación. Una compra, una consulta médica o un trámite podían ocupar buena parte del día. Los vecinos compartían encargos y se ayudaban con las cargas, una costumbre nacida de la necesidad y de la cercanía entre familias. Esa red sostuvo al pueblo durante mucho tiempo, pero no podía reemplazar una comunicación estable. La ayuda mutua funciona mejor cuando cuenta con servicios que la acompañan.

02.2

El camino tradicional por la Canal del Texu

La Canal del Texu fue durante generaciones la unión de Bulnes con Poncebos y el resto de Cabrales. Por sus pendientes transcurrieron jornadas de trabajo, regresos a casa y viajes que nada tenían de excursión. El funicular no borró el camino ni su valor. Lo liberó de ser la única opción. Hoy puede recorrerse como parte del patrimonio del concejo, mientras la vida diaria dispone de una alternativa regular.

02.3

Transporte de alimentos, materiales y animales

Cada saco, herramienta o pieza necesaria para reparar una vivienda tenía que superar el desnivel. Se transportaba a mano, con animales y con la ayuda de familiares o vecinos. El esfuerzo no terminaba al llegar al pueblo: allí empezaba el trabajo para el que se había subido la carga. Una mejor comunicación permitía asegurar los suministros y dedicar menos energía a una dificultad que se repetía semana tras semana.

Dos personas en el interior del túnel todavía en obras
Túnel, 1999 · Rubén Misioner / archivo de prensa
02.4

Acceso a servicios básicos y emergencias

Una urgencia hacía más evidente la fragilidad del acceso. La noche, el mal tiempo o el estado del sendero podían retrasar una salida que no admitía espera. El funicular no elimina los riesgos propios de la montaña, pero ofrece una vía regular y mejora la coordinación de los servicios. En esos momentos se percibe con claridad para qué sirve una infraestructura pública: para que la respuesta no dependa únicamente de la suerte, la fuerza o la disponibilidad de un vecino.

02.5

Testimonios y memoria de los habitantes

Los recuerdos de los habitantes permiten entender aquello que los datos no cuentan: cuánto pesaba una carga, qué suponía bajar a estudiar o cómo se organizaba una familia ante una enfermedad. Sus voces deben ocupar un lugar central en la exposición. No son un adorno emotivo, sino el relato de quienes conocieron el problema desde dentro y participaron, de una manera u otra, en su solución.

02.6

Planos, fotografías y documentos históricos

Las fotografías, las noticias y los planos conservan distintas etapas de la historia. Unas muestran el camino y la vida anterior; otros recogen propuestas, debates y decisiones. Al reunir documentos guardados por instituciones, medios y familias se recompone un archivo que pertenece a todos. Ese material permite recordar cómo se llegó hasta aquí sin depender únicamente de una versión oficial o de la memoria individual.

Panel 03 / 05

Durante

La dimensión de un trabajo colectivo

4,35m

de diámetro del túnel

Del trabajo de construcción al cuidado de la instalación

Entre 1998 y 2001, la montaña se convirtió en lugar de trabajo. El trazado que existía sobre planos comenzó a avanzar por la roca, con controles continuos y decisiones que debían tomarse sobre el terreno. Había que construir con seguridad, limitar el impacto exterior y preparar una instalación que pudiera funcionar de forma regular durante muchos años.

Buena parte de aquella obra quedó después fuera de la vista. Tras el túnel y las estaciones hay estudios, turnos de trabajo, maquinaria, suministros y muchas horas de coordinación. La construcción del funicular fue un trabajo colectivo en el sentido más literal: cada avance dependía de que otras personas hubieran hecho bien su parte.

Maquinaria y suministros junto a la entrada de la obra del túnel
Obras, 1998 · Ramón Batalla / archivo de prensa
03.1

Estudios previos y proyecto técnico

Antes de excavar fue necesario conocer el terreno, fijar el trazado y calcular las pendientes. También había que definir la vía, los vehículos, la alimentación eléctrica y los sistemas de seguridad. El proyecto técnico dio forma concreta a una necesidad vecinal. Sobre esos documentos se decidía qué construir, cuánto costaría, cómo se comprobaría y de qué manera podría mantenerse después de la inauguración.

03.2

El reto de construir dentro de la montaña

Llevar la obra bajo tierra reducía su huella visible, pero hacía más difícil la construcción. Trabajar en el interior de Peña Maín exigía controlar el terreno, la ventilación, el agua y la seguridad de los equipos. Cada fase debía adaptarse a lo que aparecía al avanzar. Proteger el paisaje no consistió en evitar la intervención, sino en elegir una solución que asumiera las condiciones del lugar.

03.3

Excavación del túnel y desarrollo de las obras

El túnel se abrió metro a metro. Primero llegaban las perforaciones y la excavación; después, la retirada de material, la estabilización y las comprobaciones. El avance diario podía parecer pequeño, pero cada tramo acortaba la separación entre Poncebos y Bulnes. Las imágenes de obra permiten ver ese proceso y entender cuánto trabajo permanece oculto cuando un servicio empieza a funcionar con normalidad.

Trabajadores al fondo del túnel durante su construcción
Túnel, 1999 · Rubén Misioner / archivo de prensa
03.4

Maquinaria, materiales y equipos humanos

Ingenieros, topógrafos, operarios, transportistas y personal de apoyo trabajaron dentro y fuera del túnel. Las máquinas eran imprescindibles, pero dependían de quienes las manejaban, reparaban y coordinaban. También había que hacer llegar materiales y retirar los restos de la excavación. La obra fue posible porque oficios muy distintos compartieron información, tiempos y responsabilidades durante casi tres años.

03.5

Dificultades técnicas y condiciones de trabajo

En una obra subterránea el plano nunca resuelve todo. El terreno puede cambiar, aparece agua y el espacio disponible condiciona cada movimiento. Esos imprevistos obligan a detenerse, revisar y decidir sin rebajar la seguridad. Contar las dificultades ayuda a entender la calidad del trabajo realizado. Una buena gestión también se reconoce en la manera de reaccionar cuando la realidad no coincide con lo previsto.

03.6

Seguimiento de la obra a través de imágenes y prensa

La mayor parte de la construcción ocurría dentro de la montaña. Las fotografías y las noticias permitieron seguir su avance desde fuera y hoy ayudan a reconstruirlo. En ellas aparecen las máquinas, los trabajadores, las visitas y también las expectativas que acompañaron al proyecto. Conservar ese material permite explicar la obra con pruebas, fechas y rostros, no solo a través de su resultado final.

Panel 04 / 05

Después

Cada minuto lleva trabajo detrás

8min

de trayecto aproximado

Una rutina posible gracias a un cuidado constante

Tras concluir y recibir las obras el Principado puso en servicio el funicular el 27 de febrero de 2001 restringiendo inicialmente el uso de los primeros viajes a los vecinos de Bulnes. El 17 de septiembre de ese mismo año el funicular iniciaba su explotación comercial acercando Bulnes a todo aquel que quisiera conocer este rincón de Cabrales.

Desde entonces, el trayecto entre Poncebos y Bulnes pudo hacerse en pocos minutos y sin depender del estado del sendero. Para los vecinos, el cambio se notó desde el primer día en cosas sencillas: volver a casa, recibir una carga o planificar una cita dejaron de exigir el mismo esfuerzo que antes.

La puesta en servicio de la infraestructura no cerró el proyecto. Empezó otra etapa, menos visible, dedicada a operar el servicio, conservar las instalaciones y responder a nuevas necesidades. También creció el número de visitantes y con él la presión sobre el pueblo. Mantener el equilibrio entre la vida vecinal, la actividad económica y el cuidado del entorno se convirtió en parte de la gestión diaria.

Viajeros compartiendo los asientos del funicular
Interior del funicular, 2003 · Nel Acebal / archivo de prensa
04.1

Inauguración y puesta en funcionamiento

Las primeras circulaciones transformaron años de planos y obras en un servicio que la gente podía usar. Bulnes seguía siendo un pueblo de montaña, pero ya contaba con una conexión estable. La puesta en servicio fue importante por lo que representaba; su verdadero alcance se comprobó después, cada día, con residentes, trabajadores, proveedores y visitantes utilizando la misma infraestructura.

04.2

Cambios en la movilidad de los vecinos

Bajar y subir dejó de depender únicamente de la fuerza física y de las condiciones del camino. Los vecinos, con uso gratuito de la infraestructura, ganaron tiempo y pudieron organizar con más margen sus desplazamientos. Transportar una compra o regresar después de una jornada fuera del pueblo resultó más sencillo. Esa autonomía es uno de los efectos más importantes del funicular, aunque sea difícil resumirla en una cifra.

04.3

Transformación de la vida cotidiana

El cambio apareció en tareas poco llamativas: recibir mercancías, reparar una casa, abastecer un negocio o mantener el contacto con familiares y servicios. La cooperación vecinal continuó siendo necesaria, pero ya no soportaba por sí sola todo el peso del aislamiento. El funicular facilitó que muchas actividades dejaran de organizarse como una excepción y pasaran a formar parte de una rutina más previsible.

Viajeros entrando en el funicular
Viajeros, 2015 · Nel / archivo de prensa
04.4

Nuevas posibilidades para servicios y emergencias

La conexión regular facilitó el suministro del pueblo y ofreció un apoyo adicional ante situaciones urgentes. Siguen siendo necesarios buenos protocolos y una coordinación adaptada a la montaña, pero existe una vía estable que antes no estaba disponible. Esa diferencia permite preparar mejor una respuesta y reduce la dependencia de soluciones improvisadas cuando el tiempo resulta decisivo.

04.5

Impacto turístico y aumento de visitantes

El nuevo acceso hizo que más personas pudieran conocer Bulnes. Crecieron las oportunidades para la hostelería, el alojamiento y otras actividades, pero también aumentó la presión sobre un núcleo pequeño y un entorno sensible. El número de visitantes no puede ser la única medida del éxito. La actividad turística debe convivir con las necesidades de los vecinos y contribuir a conservar aquello que atrae a quienes llegan a un enclave dentro del Parque Nacional de Picos de Europa.

04.6

Equilibrio entre accesibilidad y conservación

Hacer más accesible Bulnes planteó una responsabilidad que sigue vigente: evitar que el pueblo se convierta únicamente en un destino. Proteger el paisaje es imprescindible, y también lo es mantener las condiciones para que la comunidad pueda vivir y trabajar allí. Ese equilibrio cambia con el tiempo. Por eso necesita datos, diálogo con los habitantes y decisiones capaces de corregirse cuando producen efectos no previstos.

Panel 05 / 05

Estos 25 años

Veinticinco años de viajes compartidos

1.662.696

usos registrados

2001–31 de julio de 2026 · usos, no personas únicas

Veinticinco años después, el funicular forma parte de la vida de Bulnes. Para quien lo visita puede ser una experiencia singular; para los vecinos es el transporte que permite salir, regresar y recibir lo necesario. Esa diferencia de mirada explica por qué el servicio debe mantener como prioridad a la población que depende de él durante todo el año.

Este aniversario reúne muchas historias: la de quienes reclamaron una comunicación mejor, la de quienes proyectaron y construyeron el túnel y la de los equipos que hoy mantienen el servicio. También invita a mirar hacia delante. Las necesidades cambian, las instalaciones envejecen y el número de visitantes obliga a revisar decisiones. Los 25 años no son un punto final, sino una ocasión para reconocer lo hecho y pensar qué necesita ahora Bulnes.

Viajeros ante la entrada de piedra de la estación
Estación, 2019 · Xuan Cueto / archivo de prensa
05.1

Principales cifras del funicular

El recorrido tiene 2.227 metros, salva 402 metros de desnivel y dura alrededor de ocho minutos entre Poncebos y Bulnes. Son datos breves para una infraestructura que funciona todos los días del año. La frecuencia, la seguridad y la continuidad del servicio importan especialmente a quienes dependen de él. Para la población residente, esos ocho minutos forman parte de su movilidad habitual.

05.2

Evolución del número y perfil de viajeros

En los vagones coinciden vecinos, trabajadores, proveedores, montañeros y turistas. El uso cambia según la época del año y la afluencia de visitantes. Gestionar esa mezcla requiere distinguir necesidades: no viaja por el mismo motivo quien vuelve a casa que quien llega de excursión. La prioridad vecinal debe convivir con un acceso turístico ordenado y compatible con la capacidad del pueblo.

05.3

Mantenimiento y mejoras realizadas

Un túnel y un sistema de transporte necesitan inspecciones, repuestos y actualizaciones constantes. En los últimos años se han renovado elementos de mando y seguridad y se ha mejorado el transporte de mercancías. Ha sido necesario programar paradas técnicas para la revisión y mantenimiento de la infraestructura coordinando las inspecciones de seguridad con los periodos de menor trastorno para los vecinos de Bulnes. Son trabajos que reciben menos atención que una inauguración, aunque de ellos, como bien saben los vecinos, depende cada viaje. En una infraestructura singular como el funicular de Bulnes que requiere de técnicos especializados y maquinaria y recambios poco convencionales, mantener el servicio público consiste, en gran medida, en anticiparse al desgaste y actuar antes de que aparezca una avería.

Una persona trabajando junto a la carrocería del funicular
Mantenimiento, 2012 · Nel / archivo de prensa
05.4

Historias de trabajadores, vecinos y visitantes

La historia del funicular también está hecha de escenas habituales: el personal que abre el servicio, una mercancía que llega al pueblo, vecinos que regresan a casa y visitantes que comparten vagón por primera vez. Recoger estos testimonios permite contar los 25 años desde la experiencia. Las instalaciones explican cómo funciona el transporte; las personas explican lo que ha significado. Las caras del funicular de Bulnes son también las de sus trabajadores que desde hace 25 años reciben a sus vecinos y visitantes.

05.5

El funicular como símbolo de Bulnes

El funicular se ha convertido en una imagen reconocible de Bulnes, aunque el pueblo es mucho más que su acceso. Su valor está en haber respondido a una necesidad mantenida durante años y en seguir facilitando que la comunidad permanezca viva. La infraestructura debe servir a Bulnes, no sustituir su identidad ni reducirla a un atractivo turístico.

05.6

Retos actuales y mirada hacia el futuro

Los próximos años exigirán mantener la seguridad, seguir renovando equipos, atender el transporte de mercancías y ordenar la afluencia turística sin perjudicar la movilidad vecinal. Las respuestas de 2001 no pueden darse por definitivas. Será necesario seguir escuchando a la población y ajustar el servicio, como se ha hecho recientemente, a una realidad cambiante. Ese trabajo continuo es la mejor manera de cuidar una inversión pública y el propósito para el que fue creada.